Lara Ponsone – Rouge

En el proceso artístico, hallar una forma es encontrar algo que ha sedimentado con el tiempo. En la obra de Ponsone, una forma insiste, consciente quizá, de su propio conflicto al presentarse desde su carácter sensible con relación a una idea. La misma no está sujeta, tal como lo describe Jacques Rancière en “El destino de las imágenes”, al criterio representativo de lo visible de la palabra, ni a la identificación del proceso de significación con la construcción de una historia. Por lo tanto, el sentido de representación se pone en discusión al alterar lo que se muestra y lo que significa.

El designio se centra en auspiciar un espacio; pero este no es un contenedor, más bien un lugar esencial, el lugar de una extrañeza. Las figuras que la artista suele generar tienen la condición de ocultar, se muestran para desviar el contenido real, aquello que no es perceptible
a la mecánica del ojo; y de esta forma, se sustraen a todo nombramiento o a toda designación. En efecto, una “mancha” surge en la oscuridad de nosotros mismos; su color se pronuncia como una herida, el color del cuerpo ausente. La imagen se propone desde la condición del dibujo: línea y trama, y un matiz vacilante en su espacialidad. No hay arte sin obsesión, no hay arte sin insistencia, por lo que el signo se repite como expectativa, como una promesa de significado. En la experiencia como espectador, los ecos de nuestra vida y el estar “desorientados” ante la imagen marcan el lugar del arte, o más aún, el territorio de las sospechas.

Dante Montich

S/T | Tinta y grafito sobre papel archés 300 grs | 31 x 41 cm | 2022